Nicoleta Talpa

Se acercaba la tormenta y he sorprendido al Guindo deteniendo el movimiento de sus ramas, frenando su agitación. Ha sido como un juego. Nunca pensé que un guindo al viento pudiera ser tan hermoso: sus hojas brillantes y encrespadas temblaban por el aire, se agitaban para mostrarme sus frutas globulares, Rojas y agridulces, un hermoso regalo de la naturaleza. „Nada es más atractivo que brillar con tus proteicos colores y disfrutar de lo que eres”, susurró el Guindo. Al sentirse mimadas, las ramas se doblaron para ofrecerme una guinda con todo su sabor. En ese momento, la lluvia empezó a caer, acompañada de algunos truenos. Desafiando la tormenta, miré al Guindo, al cielo, mientras las frías gotas de lluvia me bañaban la cara, las cejas, los párpados…


-Hermosa imagen -susurró el Guindo.


Hoy he sacado tiempo para disfrutar de la naturaleza. Ella nos acaricia y nos nutre si sabemos amarla. Hoy he sentido su bondad y me ha regalado el inconfundible sabor del Guindo.

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