JUAN GÓMEZ ALCAIDE 

A raíz del distanciamiento social y de las prohibiciones de reuniones en masa para contener la actual pandemia, la vida pública se ha apagado, arrastrando al mundo de la cultura en general. Actos, eventos, presentaciones y, en definitiva, infinidad de anhelos, proyectos e ilusiones; todas ellas retenidas y agolpadas esperando que el desafiante, voraz y poderoso enemigo retroceda hasta perder su actual poder o supremacía.

¡Cuánta añoranza! ¡Qué gran melancolía! Cultura, esa bella ave, que nos incita a subir en ella y planear por cielos de felicidad, armonía y éxtasis del conocimiento. Todas las personas , sin excepción, tenemos sentimientos y la gran necesidad de manifestarlos, donde, la rama cultural desempeña un papel muy relevante.

Vivimos un momento complejo, delicado e incierto en el que el mundo cultural vive limitado al hogar, en el que las nuevas tecnologías son nuestras grandes aliadas, ahora más que nunca. Ventanitas mágicas, capaces de hacernos compartir: virtudes, aficiones, añoranzas, complicidades y tantas pasiones en nuestras vidas. Y es que, compartir, es vivir en todas sus formas, para ser felices. La socialización no entiende de nacionalidades, ni de la mayoría de otros factores que impidan la relación sociocultural entre las personas, porque al fin de cuentas, ¿quién no tiene los mismos anhelos, temores y necesidades?

El deseo generalizado es volver a la normalidad de hace meses, aunque, debemos tener en cuenta que es momento de ser más conscientes que nunca que, esa tan deseada vuelta para recuperar nuestras vidas por completo, depende de nuestros actos, de nuestros hechos y de la capacidad para no bajar la guardia, porque, esas alas culturales deben ser siempre libres y no ser bajo ningún concepto cortadas. Acariciémoslas aun estando presas, porque, más que un deseo, es una necesidad global, para sentir y vivir…